—No por cierto; nosotros callaremos, pero vos habéis de contar la villanía obrada por don Bernardino, y la paliza que este caballero le ha dado.

—Pero don Bernardino se irá.

—Don Bernardino dirá que hemos venido dos contra él.

—Pues no, eso no—dijo Velludo—; lo que ha pasado lo sabrá todo el mundo.

—No hay necesidad de hablar de esto una palabra—dijo Juan Montiño—; si ese hombre sigue haciéndose molesto, yo le daré una nueva lección delante de todo el mundo, ó vosotros, señores, si se os viene rodado. Por ahora me parece mejor otra cosa.

—¿Qué?

—Que nos vayamos á una hostería.

—¿Y Dorotea, que estará con cuidado?

—Se la avisará.

—Pues á la hostería.