—¡Pero una esperanza!...

—Mi buena amiga: cuando una mujer pronuncia la palabra ¡esperad! como la pronunció la reina, es lo mismo que si dijese: hoy no, mañana.

—Sin embargo, la reina, por odio al duque de Lerma, ha podido bajar hasta decir á un hombre que pudiese servirla contra el duque: ¡esperad! ¡pero bajar más abajo!

—La reina tiene corazón.

—Es casada.

—Está ofendida.

—El rey la ama.

—El rey ama á cualquiera antes que á su mujer.

—Tengo pruebas del amor del rey hacia la reina; pruebas recientes.

—Lo que inspira la reina al rey no es amor, sino temor, y procura engañarla sin conseguirlo. El rey quiere á todo trance que le dejen rezar y cazar en paz, y la lucha entre la reina y mi padre le desespera.