El hostelero abrió sin replicar.

Los tres jóvenes se lanzaron en la calle.

Un hombre estaba rodeado de otros cuatro.

Otros dos hombres se llevaban un bulto.

—Seguid á aquellos y detenedlos—dijo Juan Montiño—, yo me quedo con éstos.

Pero antes de proseguir, necesitamos ocuparnos de ciertos antecedentes, que empezarán en el capítulo que sigue.

CAPÍTULO XXXI

DE CÓMO ENGAÑÓ Á DOROTEA PARA LLEVARLA Á PALACIO EL TÍO MANOLILLO

Dorotea se había quedado sola en su casa, hasta la cual la había acompañado Juan Montiño, después de la salida del teatro.

Eran ya bien las ocho de la noche.