—Muy bien.

—Si se empeña en entrar, que el médico ha dicho que no puede hablárseme.

—Muy bien; ¿y si viene el señor Juan Montiño?

—Viene á su casa. ¡Ah! me olvidaba: pon una cama en el gabinete de tapicería.

—Muy bien.

—Y cuanto se necesite; un aposento bien servido.

—Muy bien. ¿No os desnudáis?

—No... mira... si viene el tío Manolillo...

—¿Le digo que no puede entrar?

—De ningún modo... si viene...