—No, no es eso; el duque te ha puesto hermosa para otro.

—¡Ah! puede ser.

—¿Estás enamorada, Dorotea?

—No lo sé.

—Esa contestación me asusta.

—Y ¿por qué?

—Cuando una mujer no ve claro en su corazón...

—Prueba que está ni dentro ni fuera.

—Te creo demasiado dentro.

—Puede ser.