—Pero decidme... decidme... ¿cómo sabéis vos que esa mujer... doña Clara... ama á Juan?
—¿Quieres tú saberlo también?
—¿Que si quiero? ¡Sí!
—Pues bien, ven conmigo.
—¿A dónde?
—A palacio.
—¡A palacio! ¿y qué tengo yo que hacer en palacio?—dijo con desdén la Dorotea.
—Verás lo que yo he visto, verás entrar á Juan en el aposento de doña Clara.
—Esta noche no irá Juan á palacio—dijo con acento profundamente triste la joven.
—¿Y por qué?