—Porque tiene que hacer en otra parte.
—¿A qué hora?
—Es verdad; yo no sé... no sé si antes tendrá tiempo... y si la ama... irá antes... antes de un peligro que puede morir, todo hombre que ama va á ver á la mujer de su amor.
—¡Morir!—exclamó el bufón.
—Sí; le he llevado por mi desdicha al teatro; allí ha tropezado con ese impertinente de don Bernardino de Cáceres, que le ha provocado; que le ha metido en un lance.
—¡Bah! pues don Bernardino no le matará—exclamó con gran confianza el tío Manolillo.
—¿Y decís que irá al alcázar Juan?
—De seguro.
—¡Oh! ¿y podéis ponerme en sitio desde donde le vea?...—añadió con ansiedad la joven.
—Desde donde veas y oigas.