En efecto, Ruy Soto era portero de una de las subidas de servicio del alcázar, que se comunicaban de una parte con el cuarto del rey, y de otra con las galerías superiores ocupadas por la servidumbre.

—¿Quiere vuestra señoría que avise al ujier de cámara de su majestad?—dijo Ruy Soto.

—Esperad un momento; decíais que estábais acechando...

—Sí; sí, señor, á dos hombres sospechosos que no han cesado de pasearse desde el obscurecer y en silencio, por la galería de la derecha.

—¿Y qué trazas tienen esos hombres?

—Malas, señor; pero aunque las tuvieran muy buenas, la tenacidad con que se pasean...

—Habéis hecho bien en acechar; dadme un papel y tintero.

Ruy Soto sirvió al momento los objetos pedidos al padre Aliaga, que escribió rápidamente una carta y la cerró.

En el sobre se leía:

«Al tribunal de la Santa inquisición».