A su despecho, el padre Aliaga se conmovió ligeramente.

—¿Qué motivos tengo yo—dijo—para sospechar nada de ese caballero?

—Habéis hablado con el tío Manolillo, que os ha dicho sin duda lo mismo que á mí.

—El tío Manolillo sólo me ha hablado de vuestros mutuos amores...

—¿Y del nacimiento de ese joven?

—No por cierto; lo que sé acerca de ese joven, lo he encontrado en esta carta que me ha dado el cocinero mayor del rey—dijo el padre Aliaga, sacando de debajo de su hábito la carta de Pedro Martínez Montiño.

—También el cocinero mayor me ha dado á leer esa carta—dijo doña Clara.

—Sabéis, pues, entonces—dijo el padre Aliaga guardándola de nuevo—que ese caballero...

—Es hijo bastardo del duque de Osuna, y de la duquesa de Gandía.

—¡Cómo!—exclamó el padre Aliaga—; ¡el duque de Osuna y la duquesa!... esta carta no dice nada de eso... cuenta sólo, que ese joven es hijo ilegítimo de padres nobles...