—¡Ah! ¡ah! ¿es buen espada?
—Tan bueno, como que es quien ha herido á don Rodrigo Calderón.
—¿El que ha herido á don Rodrigo?
—Sí por cierto.
—¿Y por qué le ha herido?
—Defendiendo la honra de una mujer.
—¡Ah! ¡ah! y... ¿quién es ella?
—Una dama á quien vuestra majestad y yo apreciamos mucho.
—Pues no... no acierto.
—Doña Clara...