—¿Y era todo eso lo que teníais que decirme con tanto empeño?
—Sí, señor.
—Pues si ya me lo habéis dicho, idos—dijo un tanto contrariado el rey.
—Si vuestra majestad me lo permite, le diré más.
—Decid.
—Digo, que me espanta el que pueda decir á vuestra majestad algo.
—¡Ah!—dijo el rey—¿y por qué os espanta eso?
—Porque á la verdad, hablo con vuestra majestad por compromiso.
—¡Oh!—repitió el rey.
—Y espántame que yo me vea comprometido á hablar con vuestra majestad...