Y entonces hubiera tropezado con un bulto que estaba colocado delante de él.
Aquel bulto era el sargento mayor.
Escuchaba.
—Está sola y llora—dijo—; ¿dónde estará el bufón?
Y volvió á escuchar.
—Tengo conmigo una llave maestra: puedo abrir; cierto es también que el tío Manolillo puede volver; no sé por qué me causa miedo ese hombre; pero bien, necesariamente ha de hacer ruido en la cerradura... y puedo muy bien escapar por la ventana, ganarle tiempo y perderme. Me importaba ver á Luisa; pero después de lo que he oído, me interesa más verla á ella. Ea, adelante.
Sonó un hierro en la cerradura, que resistió un momento; luego se sintió correrse el fiador.
La puerta se abrió.
Cerróla de nuevo el sargento mayor, y entró en el aposento donde se encontraba Dorotea.