—Justamente, porque vuestro padre no es mi hermano: ¡oh! ¡si lo fuese!
—Pero entonces vos no sois Montiño.
—Al contrario, vos sois el que no lo sois.
—¿Yo?
—Vos; vuestro padre es algo más ilustre: ¿qué digo? vuestro padre es, después del rey, el más grande de España.
Miró profundamente el joven al cocinero, temeroso de si éste tenía ó no cabal el juicio, y dijo:
—¿Y quién es esa noble persona?
—Aquí en este cofre debe decirlo.
—¿Pero vos no lo sabéis?
—El cofre lo dirá; abrámosle: así como así iban á abrirle á la fuerza: vos sois á quien lo que este cofre contiene interesa más, y aunque todavía no habéis cumplido los veinte y cinco años, no importa: no callo más, no puedo ya con este secreto, harto tengo con lo mío... pero es el caso que yo no tengo la llave. Lo romperemos.