El cocinero abrió con mano trémula el cofre.
Apareció primero un paño de seda azul.
Levantado aquel paño aparecieron algunos papeles.
Levantados aquellos papeles, quedaron largos rollos empapelados.
Sacado un rollo y abierto, se vió que le formaban relucientes doblones de á ocho.
Contados los doblones resultó que el rollo contenía cincuenta.
Contados los rollos, eran cuarenta.
Es decir, que la caja contenía dos mil doblones.
Sacados los rollos, se encontró un nuevo paño de seda azul.
Levantado el paño, se hallaron veinte cajas forradas de terciopelo.