—No os pediré eso jamás, porque vuestro amor para mí lo es todo siendo como soy vuestra mujer.
—¿Me decís al fin que me amáis?
—Os amo como debe amar una mujer casada á su marido... más claro: por el momento os respeto... os quiero... tengo en vos esperanzas...
—¿Pero no sois para mí la mujer enamorada?
—No quitéis al tiempo lo que es suyo. ¡Yo no os conozco!
—Y sin embargo, os habéis casado conmigo.
—Os confieso que en la situación en que me he casado con vos, y por la razón que lo he hecho, me hubiera casado con cualquiera de quien hubiera podido buenamente ser esposa.
—¿Sin amor?
—Sin amor.
—¿Pero qué misterio, qué razones son esas?