—Yo no tengo hija.
—Vuestra difunta fué muy dada á criar pajes.
—¡Ah! y por último, yo no tengo sobrino.
—Vuestro sobrino... he ahí, he ahí la causa de todo; malhaya amén vuestro sobrino... Si vos no tuviérais ese sobrino...
—Es que no le tengo.
—Le habéis tenido; y vos... vos tenéis la culpa... si hubiérais estado en el alcázar antes de anoche.
—Entonces no tengo yo la culpa, sino un maldito cuadrúpedo, un jaco endiablado que invirtió todo el día en traer desde Navalcarnero aquí á mi sobrino postizo; ¡caballo infernal! ¡haber echado para cinco leguas desde el amanecer hasta el anochecer! ¡si ese jaco hubiera andado más de prisa!... ¡si hubiera llegado al medio día!...
—Lo de vuestra mujer había sucedido antes.
—Pero probablemente yo no lo hubiera sabido.
—Señor Francisco, no hablemos de cosas pasadas.