—Es que las cosas pasadas traen las presentes... ¡qué suerte la mía! yo me voy á morir, tío Manolillo.
—¡Calla! ¿quién es ese que llama á la puerta de esta casa y que viene cargado con un cestón?
—¿No veis que tiene librea?
—Sí por cierto.
—¿Amarilla y encarnada?
—Sí... ya sé, del duque de Uceda. ¿Pero cómo el duque de Uceda...?
—El duque, viste, calza, da joyas y dinero; á más envía todas las mañanas á uno de sus criados con un cestón lleno de lo mejor que se vende en los mercados, para doña Ana de Acuña.
—¡Ta! ¡ta! ¡ta! ¿Doña Ana de Acuña se llama la que vive en esa casa?
—Sí por cierto.
—¿Y es querida del duque de Uceda?