—¡Eh! ¡holgazán! ¡despierta!—dijo el cocinero mayor dándole con el pie—; señor Machuca, hacedme la merced de llamar dos mozos y que lleven eso á mi aposento.

—Pero ¿dónde vais con ese ministro?—dijo el portero.

Montiño creyó que debía ser prudente y contestó sin vacilar:

—Es un amigo á quien convido.

—¡Ah!—dijo el portero—creía...

—Venid, señor ministro, venid; vamos á las cocinas...

Y subieron por unas escaleras.

—No hay como ser cocinero de su majestad para convidar á los amigos sin disminuir los ahorros—se quedó murmurando el portero.

Entre tanto, Montiño y el alguacil subieron á las cocinas.

Lo primero que encontró Francisco Montiño, y lo encontró con espanto, fué al galopín Cosme Aldaba, caceroleando en las hornillas.