EN QUE EL AUTOR PRESENTA, PORQUE NO HA PODIDO PRESENTARLE ANTES, UN NUEVO PERSONAJE
En una habitación magníficamente amueblada, extensa, iluminada blandamente por una lámpara de noche, al través de un cortinaje de damasco, en una ancha alcoba y en un no menos extenso lecho, dormía una mujer sumamente bella.
Debía ser sombrío su sueño, porque su entrecejo estaba fruncido, corría abundante sudor por su frente morena, y su boca sonrosada y de formas voluptuosas, levemente entreabierta, dejaba salir un sobrealiento poderoso y ronco.
Las anchas trenzas de sus cabellos caían abundantes y desordenados sobre su garganta y sobre sus hombros, y fuera del abrigo que la cubría se dejaba ver un brazo de formas admirables, cerca de cuya mano se vela una pulsera de pelo, cerrada por un broche de diamantes.
Había algo de terrible en el aspecto de aquella hermosa mujer dormida.
Y dormía profundamente.
Abrióse de improviso una puerta en el fondo de la cámara y apareció una mujer joven.
Abrió un balcón y penetró en la alcoba la luz fría de aquella mañana nublada y lluviosa.
La mujer despertó.
Se incorporó en el lecho y miró con disgusto á la puerta de la alcoba á donde había llegado la joven.