—Pues siendo tan principal, y teniendo por mí tanto interés que me regala—le dije—, ¿qué interés puede tener en que yo no sepa su nombre?

—Tanto interés tiene—me replicó—en que vos no sepáis quién es, que desea veros misteriosamente.

—Explicáos.

—La alta persona que me envía—dijo el cocinero dando vueltas á su gorra, porque sin duda hallaba gran dificultad en cumplir con su mensaje—, quiere... pues... quiere que le recibáis sin luz.

—¿Por quién me tenéis?—dije al cocinero mayor fingiéndome gravemente ofendida, á pesar de que tenía una viva curiosidad por saber quién era aquella persona—; ¡ea! añadí: idos de mi casa, si no queréis que os haga echar á palos.

—Perdonad, señora—me dijo—; pero temo más las consecuencias de no llevar una contestación vuestra á la persona... ¿qué digo? al ilustre personaje que me envía, que la riña que pudiera tener con vuestros criados.

—Ya lleváis contestación á esa persona.

—A la persona que me envía, no se la puede contestar de ese modo—me dijo—, porque esta persona...

—¡Me ultraja!

—Será necesario deciros quién es, para que veáis que no hay ultraje.