—¿Y por qué vienes, hijo?—exclamó el tío Manolillo, haciendo un violento esfuerzo para dominar su horror.

—Por la fuente de plata que os habéis traído.

—¿Y comió mucho la reina?

—¡Quia! no... ni el padre Aliaga...

—¿Y te has comido las dos?...

—Sí.

—Ven, hijo mío, ven... ven á las cocinas... voy á darte aceite, que es bueno para que arrojes... ¡Oh! ¡Dios mío!...

—Tengo ansias, tío...

El bufón asió al mozo y le arrastró consigo.

Pero al llegar á las escaleras, el paje dió un grito, avanzó, cayó rodando por las escaleras, y con él la fuente de plata.