El bufón se retiró precipitadamente, fué á su aposento y se puso á rezar por el alma del paje.

CAPÍTULO XLVIII

DE CÓMO MUCHAS VECES LOS HOMBRES NO REPARAN EN EL CRIMEN AUNQUE SUS VESTIGIOS SEAN PATENTES

Pasó mucho tiempo sin que nadie subiese por las escaleras por donde el paje había caído.

Al fin subió una moza de retrete.

La escalera era obscura.

La moza tropezó en la bandeja, que sonó.

Recogióla la moza.

—¡Calla!—dijo—¡una bandeja de plata! ¡y sucia!... ¡llena de grasa! ¿cómo está aquí? La llevaré á la repostería.

Y siguió subiendo, y tropezó de nuevo.