Doña Clara tenía los ojos llenos de lágrimas.
—¿Qué sucede aquí?—murmuró don Gaspar de Guzmán dando el brazo á doña Clara.
Y siguió hacia una puerta por donde se había llevado la duquesa de Gandía á don Juan.
Se dirigían por el interior de las habitaciones á la cámara pública de audiencia.
La duquesa iba de prisa.
Al pasar por una galería obscura, la duquesa, que iba muy delante del conde de Olivares y de doña Clara, dijo con acento cortado:
—Por piedad, caballero, no me engañéis; ¿por qué habéis querido que vuestra esposa se ponga esas joyas hoy?
—Porque... va á ser presentada á la corte, y en la corte puede estar mi madre—dijo balbuceando el joven.
—¿Y amáis mucho á vuestra madre?—dijo llorando la duquesa.
—¡Por Dios, señora! ¡por vuestro honor!... vamos á salir á los salones.