—¡Ah!—exclamó la duquesa.
Y deteniéndose de repente, asió la cabeza de don Juan y le besó en la boca.
Después apresuró el paso.
Cuando salió á los salones, se mostraba serena; pero severa, sombría.
Poco después los novios y los que representaban como padrinos á los reyes, fueron presentados á éstos.
Después doña Clara tomó la almohada de dama de honor.
Cuando el conde de Olivares se llevaba á don Juan para presentarle á su compañía de arcabuceros de la guardia española, la duquesa le dijo:
—Espero que iréis, en cuanto estéis libre, con vuestra esposa á mi casa.
—Iré, señora, iré.
Y el joven salió.