—Sí, señor... en la Cava Baja de San Miguel. Pero miento; no me lo robaron... es decir, sí me lo robaron...
—Tranquilizáos, Montiño, porque estáis diciendo disparates.
—Es que vuestra señoría me está mirando con unos ojos...
El padre Aliaga comprendió que el cocinero mayor estaba bastante asustado para que fuese necesario asustarle más, y que seguir asustándole sería dar motivo á que no dijese una palabra con concierto.
—Vamos, vamos; no os he hecho venir...
—Perdone vuestra señoría; me han traído preso.
—Pues bien, no os he mandado prender para manteneros preso, sino para que viniérais. No pretendo haceros mal alguno.
—Así fueran todos como vos, padre, porque desde hace tres días todos me están haciendo daño.
—Tranquilizáos, que yo os protegeré contra todos.
—¿Y mi mujer y mi hija? ¿Y el galopín Cosme Aldaba? ¿Y don Juan de Guzmán?—dijo el cocinero recayendo en su pensamiento fijo.