—Vive, pero vive para sufrir como he sufrido yo; vive para ver en los brazos de otro á la mujer de tu amor.
Nada contestó Aben-Sal-Chem, estaba desmayado.
—¡Zim-Zam! murmuró el juglar.
El genio se presentó instantáneamente.
—Te he mandado esta tarde que construyeses un alcázar en el fondo del lago.
—Cumplidos están tus deseos, poderoso señor, contestó el genio.
—Que en lo más profundo de él pusieses un calabozo.
—Así es, repuso el genio.
—Pues bien, lleva á él ese hombre, añadió Djeouar señalándole el wisir, y cárgalo de cadenas.
El genio, despues de haber envuelto en su alquicel á Aben-Sal-Chem, desapareció con él hundiéndose en las aguas del lago, y Djeouar tornó á la cerca, junto á la cual esperaba Noemi envuelta en su túnica.