Apenas pronunciada aquella imprecacion, una luz cárdena inundó el retrete; en el centro de él se alzó una sombra confusa, que tomó formas, y dejó ver á Kelb-namir una mujer.
Pero una mujer hermosa, como no es posible hallar otra sobre la tierra. Envuelta en una ancha y flotante túnica de finísimo lino, majestuosa y severa, con sus largos y brillantes cabellos, sus ojos de mirada límpida y penetrante, y su esbelto talle, fascinó á Kelb-namir con el mágico y poderoso prestigio que la rodeaba. Tres vampiros giraban rápidamente en torno de su cabeza describiendo una negra y fatídica aureola, y un perfume suavísimo, emanado de aquel extraño conjunto, llenaba el retrete, y enlanguidecia los sentidos de Kelb-namir, que cayó de rodillas, y unió su rostro al pavimento.
—Levántate, muslim, dijo la vision con una voz sonora, semejante á la que habia resonado tres veces en los oídos del árabe; levántate y escucha:
Kelb-namir se levantó.
—Yo soy Betsabé, la hada de los amores impuros, añadió con un acento dulce é incitante la aparicion. Yo soy la que, encerrada en la forma de un vampiro, halago el sueño de los amores insensatos, y protejo á los que arden en su fuego. Yo soy poderosa: ¿qué quieres de mí?
Kelb-namir tembló.
—Yo soy muy hermosa, prosiguió el hada, te amo y te daré el amor de Sayaradur, si me das tu eternidad.
Era la cuarta vez que el árabe oia esta terrible propuesta; su corazon se abrasaba, su sangre corria con rapidez, todo su sér sufria la influencia de aquel medroso prodigio; y, á pesar de todo, sus ojos devoraban la radiante hermosura de la hada, y tras ella veia á Sayaradur, hermosa tambien con todo el prestigio de un amor combatido durante diez y ocho años; su espíritu se nubló, envolviéronle visiones tentadoras, la hada se acercaba lentamente; su hermosura crecia, el perfume que emanaba de ella le embriagaba. Al fin los brazos de la mujer aparecida rodearon el cuello de Kelb-namir, y su boca se clavó en su boca quemándola en un largo y ardiente beso.
—Una noche con Sayaradur, y tu eternidad conmigo, tornó á decir la voz dulcísima en el oído del árabe.
—Sí, murmuró este, cayendo fascinado sobre el seno de la hada.