Entre tanto, Sayaradur lloraba retirada en el alcázar. Pasaron dias tras dias, y conoció con terror que era madre: la vergüenza y el dolor minaron su existencia; y á pesar del respeto con que la trataba Aben-Sal-Chem, que, satisfecha su ambicion, por la cual habia arrostrado el crímen, era justo y bueno, la desdichada murió nueve meses despues, al dar á luz una hermosa niña.

—La niña eras tú, añadió Djeouar, cortando su relacion y dirigiéndose á la jóven, que le escuchaba fascinada.

El juglar continuó:

—Aben-Sal-Chem lloró sinceramente sobre los restos de tu madre; la mandó conducir á esta cabaña, y sus restos fuéron sepultados junto á los del emir. Despues Aben-Sal-Chem te tomó en sus brazos, te besó en la frente y te llamó Noemi (la hermosa).

Contaba entonces treinta y tres años, y á pesar de que la fortuna le habia hecho rico, respetado y poderoso, quedaba en su corazon un lugar vacío, que sólo podia llenarse con el amor de la mujer. Habia comprado esclavas en los bazares de Oriente; las habia robado de los alcázares de sus enemigos; princesas de Arabia y de la India habian inclinado su frente orgullosa encerradas en su harem; habia alcanzado la hermosura en la mujer; pero no habia hallado la pureza, la dulzura, el amor; habia conquistado y robado esclavas, pero no habia tenido aún una amante.

Por eso, cuando te vió en sus brazos, pura, hermosa, huérfana, hija del misterio, sonrió á su porvenir. «Yo la encerraré, dijo, en mi mirab, como la prenda sagrada de mi felicidad; viviré por ella; la guardaré como una flor preciosa, que tomaré para mí cuando el cáliz de su amor se dilate; ella me amará, porque á nadie conocerá sobre la tierra más que á mí, y embellecerá el otoño de mi vida, para hacerme olvidar los remordimientos de su primavera, y los insomnios apenadores de su estío.»

Y así lo hizo como lo habia pensado: retiróse en gran manera del mundo; dejóse ver sólo para hacer justicia y gobernar á su pueblo; adquirió fama de santo, y en vez de orar á Dios en el mirab, se dedicó á tí sólo, como el avaro que emplea su vida en la alquimia, siempre pensando en el oro que ambiciona.

Tú entre tanto crecias; el Altísimo te daba con cada alborada una gracia, con cada noche un sueño de pureza. Tú lo sabes, Noemi; no conociendo á Dios, porque el impío no te habia dicho su nombre, le adorabas en el firmamento azul, en las aguas del lago, en el mugido de la tormenta y en la luz del relámpago. Sentias sin comprender, y orabas sin palabras; eras pura y santa, y no debias hacer la felicidad de un réprobo.

Hace un año, Aben-Sal-Chem te engalanó, te sacó de tu retiro y te hizo conocer su alcázar; un faki se encargó de explicarte los misterios del libro de Dios, y los mundos de la vida y de la inteligencia se abrieron ante tí.

Mientras esto acontecia, tus hermanos, los niños abandonados junto al cadáver de su padre, mendigan el pan de la miseria; el uno era juglar como yo; el otro ¡desdichado de él! habia vendido su alma por su amor, y ante las plantas de una hebrea habia abjurado la religion de sus padres; tomó un nombre judío, y se nombró Absalon.