El vulgo está siempre predispuesto en favor de las novedades, y, además de esto, los esclavos del juglar arrojaban en profusion monedas de oro á la multitud. Algunos viejos recordaban el gobierno justo del emir, y se declaraban en favor de su hijo; crecieron las dádivas de dinero, adelantaron lanzas y pendones, y por una parte el interés y por otra el miedo, abrieron camino á Djeouar hasta el alcázar, en cuyo pórtico fué aclamado emir.

Envió un magnífico presente al califa, y se adurmió en los goces de su próspera fortuna.

Todos los dias tocaba Djeouar la calavera mágica, y por su virtud se trasladaba al alcázar del lago; todos los dias veia á Noemi dormida y guardada por el genio.

Pero Djeouar era infortunado en amores; como de otras mujeres le separaba de Noemi un poder superior; sólo con ella era inútil su talisman.

Pasó un año, dos, tres, hasta nueve, y empezó á correr el décimo; Djeouar habia llegado al colmo del despecho; aquella mujer que dilataba su corazon, era para él un imposible; perdió la esperanza y se abandonó á su destino.

Entonces se dijo:

—Si no hay una mujer sobre la tierra que me dé su amor, yo buscaré una hermosura más allá de la vida; yo evocaré los espíritus del mar y los genios del aire, y lograré el amor de una hurí.

Entonces recordó la aparicion misteriosa de Kelb-namir; entonces su cerebro enfermo soñó encontrar la felicidad, tras la cual habia corrido en vano, en las hadas convertidas en vampiros, y en pos siempre de su insensato deseo, asió la calavera y las conjuró.

Los cuatro vampiros vinieron á posarse á los piés de Djeouar, y fijaron en él con ansiedad sus pequeños ojos sangrientos; el juglar los contempló con horror.

—Dejad esas impuras formas, les dijo, y mostraos ante mí tal cual habeis sido.