Y Djeouar que esto leyó, consultó con su talisman para que le explicase el misterio de su profecía, y el talisman le dijo:
«La ciudad es Granada; el monte la Colina Roja; el castillo la Alhambra, y el nieto de reyes, Mohamet-Aben-A'bd-Allah-Aben-Juzef-Aben-Nazar-Aben-Al-Hhamar el de Arjona. Si la torre se levanta, las cuatro hadas y sus amantes dormirán en ella por toda la eternidad convertidos en murciélagos, y tú estarás en ella hasta que se rompa el encanto. Tu salvacion ó tu condenacion son un misterio insondable del destino, que sólo puede leer el Altísimo.»
—¿Con que mi poder no alcanza á mi porvenir? exclamó Djeouar, ¿con que he de seguir atado á esta cadena fatal, y en vano será que luche por romperla?
La rabia ahogó su voz; volvióse á Betsabé y sus tres hermanas, y les dijo:
—Volved á vuestra forma y cumplid vuestro destino.
Djeidah, Zahra y Obeidah se convirtieron en murciélagos; pero Betsabé permaneció con figura humana, y sólo en el centro de su blanca espalda nacieron dos pequeñísimas y negras alas.
—Soy tu esclava, dijo con repugnancia la hermosa, pero jamás conseguirás mi amor; eres feo, horrible, hediondo, y me inspiras horror, yo veo en el porvenir: mi amado es un príncipe hermoso y jóven, á quien amaré tanto como te desprecio.
—¡Me desprecias tú tambien! gritó con furor el juglar. ¡Tú, miserable espíritu condenado por Dios! ¡Tú, hermosa como la tentacion é impura como el nido del cocodrilo! ¡Tú tambien! ¡Oh! ¡Tú seguirás mi destino; tú sentirás como yo la sed implacable de un amor insensato!
Djeouar murmuró un conjuro, y Betsabé se encontró aprisionada en una cadena de oro cubierta de signos cabalísticos.
Pero ni las dificultades, ni el temor de la condenacion eterna fuéron bastantes á extinguir en Djeouar el fuego abrasador de su amor á la mujer; acordóse de que podia crear con el poder del talisman, y se burló de la amenaza del mago; este le habia dicho: