Un dia, el mismo que terminaba un año despues de aquel en que habia perdido su poder por su ambicion, Betsabé le llamó junto á sí cuando entraron en el kan.

El miserable se acercó temblando. Nadie hubiera conocido en él al señor, y en ella á la esclava.

—Djeouar, le dijo Betsabé; hemos adquirido lo bastante para satisfacer nuestras necesidades; ya no volverémos á divertir á esas miserables turbas que pagan con su oro el placer de admirar mi hermosura. Hemos asegurado los goces materiales; y además de eso ha cambiado nuestro destino.

El juglar fijó una mirada estúpida en la mujer misteriosa.

—Ahora mismo hay en el alcázar una mujer próxima á dar á luz una niña, añadió la hada, y esa niña se nombrará Wahdah (Amor). Antes de ser mujer será esclava, porque así está escrito: cuando corran quince primaveras de su vida, será sultana. Un rey poderoso la dará su amor, pero antes ella habrá amado á otro. Y ese otro serás tú.

Djeouar sintió despertarse en el fondo de su alma la sed de amor que presidia su existencia, y se estremeció.

—Djeouar es imbécil, dijo; Djeouar es miserable, Djeouar es viejo.

—Yo he leido en el pasado, en el presente y en el porvenir, contestó Betsabé; muchas veces, cuando he vuelto cansada de la danza, en vez de entregarme al sueño, he meditado; yo veia en tí algo superior á la raza humana, y en vano me afanaba por descifrar el misterio de tu historia: dos noches ha que, ya tarde, á la hora en que mis hermanas entraban por aquella ventana á visitarme, recordé que ellas podian ir al lugar donde se oculta el espíritu de nuestro padre, y tal vez lograrian aclarar lo que para mí no era más que tinieblas; y llamé á mi hermana Djeidah, que vino á posarse junto á mí.

—¿Sábes dónde mora el espíritu de nuestro padre? le pregunté.

—En las grutas donde nace el Gran Rio (el Nilo), me contestó: allí moramos nosotras durante el dia, y reposamos junto á él.