—¡Mi palafren, mi arco y mi azagaya! gritó al ver el primer esclavo que se acercaba.

La voluntad de la sultana fué instantáneamente satisfecha: ciñóse la cabeza con un bonete de acero, cabalgó de un salto en un valiente caballo negro, se hizo seguir por el escaso número de ginetes que habian quedado guardando la Casa del Gallo, y gritó:

—¡A Bib-Rambla!

La cabalgata partió; Wahdah aguijó su caballo, se deslizó á lo largo de las murallas del castillo, atravesó á rienda suelta algunas calles y se lanzó en el Zacatin.

XII.

Hermosa estaba en su furor Wahdah, como el sol, á través de las nubes de una tormenta de estío; era la misma mujer que en otro tiempo en los bosques de Cairvan, habia muerto á la pantera, que sin ella hubiera devorado al hombre de su primer amor; era la amante que corria al lado de Al-Hhamar, su amado para poner su pecho ante él, era la valiente africana de sangre ardiente y corazon varonil.

Muy pronto se encontró envuelta entre los Zenetes que se defendian en un ángulo del coso contra los parciales de los rebeldes walíes.

La plaza ofrecia un espectáculo imponente; cuando al llegar la hora de adohar, las gentes de los walíes, que obedeciendo las órdenes trasmitidas á ellos por Maksan, habian penetrado en la ciudad forzando las puertas de Bib-Lachar, Bib-ataubin y Bib-Al-bolut, entraron en la plaza forzando las guardias de las puertas, las damas huyeron de los estrados y las galerías, y los hombres se lanzaron al coso á rechazar aquella gente advenediza, que gritaba revolviendo sus caballos:

—¡Muerte á Al-Hhamar y al príncipe Mohamet!

Entonces, cuando el combate se hacia forzoso, cuando todos los buenos muslimes se habian agrupado en torno de Al-Hhamar, que cabalgaba tras de su bandera como en un dia de batalla, se vió con extrañeza que el caballero del verde atavío, declarado vencedor en los toros, las sortijas, las cañas, y las justas de las fiestas; que aquel paladin tan bizarro, que habia arrancado de la silla á los botes de su lanza á los caballeros de más pujanza del reino, permaneciese impasible presenciando un combate, sobre el estrado real á las plantas de Betsabé.