—¿Qué me quiere la hija de mi hermana? dijo aquel hombre, cuya voz era lenta, dulce y grave: ¿por qué baja al infierno del árabe maldito?
—¡Djeouar! gritó haciendo un esfuerzo Wahdah.
—Sí, yo soy Djeouar, contestó aquel hombre, yo soy el que libertaste de la muerte y el que murió por tu amor. Yo soy el que ha inspirado á Absalon mi hermano, la historia de tu familia; yo soy el que te llevó hasta él y el que te ha traido aquí.
—¿Y qué haces aquí, Djeouar? preguntó con terror Wahdah.
—Escucha: aquella mujer que ves allí dormida, es una hurí. Esa hurí está encantada por ese árabe que corre en torno suyo, sin poder jamás llegar hasta ella. Mira cuál está ensangrentado el ijar del corcel; mira cuál el jinete bate sobre él el acicate. Corre, vuela como el semoum; sus herraduras no se han gastado á pesar de haber abierto sobre el pavimento un surco polvoroso; corre, vuela empujado por una mano invisible. Así, como ahora, ha corrido durante seiscientos setenta y dos años; así como ahora corre, correrá eternamente, porque ese hombre está condenado.
Yo he sido lanzado por el Señor fuerte, por el que llena la inmensidad de los cielos y da lumbre á las estrellas, y aves al aire, y peces al mar, y brutos á la tierra, para esperar aquí mi salvacion ó mi condenacion. Si antes de que muera tu esposo el rey Al-Hhamar, se levanta sobre este infierno una Torre de Siete Suelos, tú y tu hijo y yo, serémos en presencia de Allah cuando hayan trascurrido doscientos treinta y ocho años.
—¿Y qué he de hacer?
—Busca en tu alcázar, dijo el espíritu, en el sitio en que guardabas el talisman que has perdido, y encontrarás una tela de seda azul, en la que están escritos caractéres mágicos; es la alfombra del trono del alto Salomon (¡Allah sea con él!), el más poderoso de sus talismanes, el que puede evocar á los muertos y á los espíritus; envuélvete en él y evoca á Betsabé; cuando haya aparecido, pídela la sortija que posee con el sello de Salomon.
—¿Y despues?
—Despues esperarás la llegada de la noche, y cuando la luna toque á la mitad de su carrera, subirás al alminar del alcázar, despues de haber purificado tu espíritu con la oracion; tomarás entre tus manos la sortija, y volverás el sello al Oriente. Entonces... recuerda bien lo que te voy á decir, pronunciarás estas palabras: «Genios, esclavos del anillo y del sello; en nombre del alto y poderoso Salomon á quien Allah perpetúe la gloria, edificad la Alhambra (Al Qars-Al-hhamrra, Castillo Rojo).» Ve antes de que Betsabé pueda apercibirse de que la alfombra mágica está en tu retrete, porque si se apoderase de ella ¡ay de nosotros! ¡ay de tu hijo!