Aquel hombre vió acercarse al príncipe y preparó su arcabuz lanzando un medroso ¿quién va? desde las almenas.

Aben-al-Malek envió por contestacion su ligera y fuerte pica de dos hierros al adarve; oyóse un sonido estridente, como el que produce el hierro al romper el hierro, un grito de dolor, y un golpe sordo y desmazalado; el cadáver del atalaya habia vacilado sobre la almena y habia caido al foso.

El príncipe llegó hasta la puerta de hierro que conducia á los Siete Suelos y que se abrió ante él.

IV.

En aquel momento la torre osciló como al impulso de un sacudimiento subterráneo; salió de su fondo y de sus suelos un rugido sonoro, inmenso, producido por muchas voces humanas; iluminóse el oscuro antro con la diáfana luz del dia, y el príncipe entró invocando el santo nombre de Allah.

V.

Estaba en un alcázar magnífico, el silencio y la paz más profunda volvieron á dominar despues de su entrada. Delante de él y adelantando siempre revoloteaba un enorme murciélago.


Antes de que el príncipe entrase en la torre, en el fondo de ella tenia lugar un acontecimiento extraño.