Djeouar fijó su mirada en la resplandeciente cúpula del retrete.
—Veo el sol, dijo, trasmontando las cumbres de los montes de Loja; la noche se levanta más allá del mar en las regiones de África, y pronto tenderá su manto sobre la cumbre de la sierra de la Helada; cuando la luna brille sola en el espacio en las primeras horas de la noche, el príncipe Aben-al-Malek entrará en la torre de los Siete Suelos.
El príncipe encontrará ante sí la tentacion: la hermosura de Betsabé y de sus tres malditas hermanas, le ofrecerá todos sus encantos.
Pero el príncipe ha nacido con buenas hadas, es fuerte, valiente y fiel, y lo protege la invencible mano del omnipotente Allah.
Y el príncipe Aben-al-Malek, como vencerá con la fuerza de su corazon los encantos de las cuatro hadas malditas, é irá encontrando vueltas por un momento á su forma humana y embellecidas por su maravillosa hermosura y la espléndida riqueza de sus galas, á medida que descienda del uno al otro suelo de la torre, vencerá sucesivamente á los tres formidables walíes de Málaga, Guadix y Comares, que habrán dejado por un momento de ser murciélagos, para ser lo que eran antes de su condenacion: tres lobos furiosos nunca hartos de sangre y de exterminio.
El príncipe Aben-al-Malek llegará aquí vencedor de la hermosura y de la fuerza; pero cansado, combatida el alma y enlanguidecido el cuerpo.
Aquí le espera su más terrible combate.
Mi libro azul ha terminado (y Djeouar cerró el libro): su poder mágico no existe; su última página ha concluido.
Cuando llegue la media noche; cuando la luna brille en lo más alto del cielo; cuando todo esté sumido en el sueño y el silencio, el príncipe Aben-al-Malek habrá penetrado en este recinto.
Y entonces yo no podré sumergir en un sueño profundo á Aben-Zohayr, el árabe condenado por los amores de Fayzuly, la más hermosa de las huríes del Señor, que duerme encantada junto á nosotros, que espera el amor de su alma con el príncipe Aben-al-Malek, con el esposo que le ha destinado la misericordia de Allah.