—¿Y qué he de hacer yo? exclamó con la voz sonora y vibrante el príncipe Aben-Abdallah.
—Si tú encontrares en tu corazon el valor de tu padre, de tu noble y magnánimo padre asesinado por tí, dijo con voz ronca Djeouar, haciendo estremecer desde el cabello á la planta, el sér entero del príncipe Ab-da-lá; si tú ayudares al bravo príncipe Aben-al-Malek, el árabe maldito te abrirá con la muerte la sombría puerta del Alcázar de la eternidad, en el cual encontrarás el perdon y las delicias del Paraíso.
—¡Oh! la muerte con su eterno descanso, exclamó con acento de profundo dolor y de ardiente esperanza el príncipe Aben-Abdallah; el sueño de la muerte con su eterna sombra, con su eterno reposo, con su eterna insensibilidad antes que este sueño de condenacion, de dolor, de espanto, en que veo sin cesar fija en mis ojos la mirada expirante de mi padre asesinado por mí. ¡Oh! yo lucharé como el hambriento leon del desierto, si en esa lucha he de encontrar la paz de la tumba aunque no se abra para mi alma la puerta del Paraíso.
—El espíritu del hombre es inmortal, dijo Djeouar con acento inspirado; el espíritu del hombre no puede perecer y ser envuelto por la tierra como los fragmentos de una vil vasija; el espíritu del hombre es inmortal como el espíritu de Dios que lo ha creado y la eternidad de su destino, ya entre los horribles tormentos del fuego eterno, ya entre las desconocidas bienaventuranzas con que Dios premia la creencia, el martirio y la fe de los justos, allí donde todo es luz, todo hermosura, todo placer, todo felicidad. Levanta tu corazon á Dios, ora con toda la fe que encuentres en tu alma, y espera. Se acerca el momento de tu perdon ó de tu condenacion. Si cuando el príncipe Aben-al-Malek llegare junto á nosotros, si cuando se revuelva terrible sobre él Aben-Zohayr, tú no te interpusieres, y dominado por el terror abandonares al príncipe Aben-al-Malek cansado y combatido, tu cobardía te habrá condenado, príncipe Aben-Abdallah.
—Las amargas hondas de la fuente del arrepentimiento han lavado y purificado mi alma, dijo con voz dulce y triste el príncipe: yo siento arder suavemente en ella el fuego de la caridad; yo gozo el inefable consuelo de la fe; mis ojos se anegan en la radiante luz de la esperanza. Yo siento engrandecido y fortalecido mi sér por la proteccion del Dios único é invencible, valor de todo valor, fuerza de toda fuerza, que sólo es, que sólo vive, y para quien nada hay incontrastable. El luchará conmigo, él me dará fuerzas para que por mí se cumpla lo que está escrito. Pero dime tú si lo supieres, si yo he de perecer en la pelea ¿qué será de ese príncipe á quien aguardas, cuando mis ojos se hayan cerrado á la luz de la vida, y mi alma vea la eterna luz de Dios?
—Aben-Zohayr, corre, corre, incansable, terrible, sujeto á su encanto; corre en torno de Fayzuly, procurando en vano estrechar el círculo que le separa de ella. Cada noche, en el momento en que la campana de los nazarenos lanza de sí su sonora vibracion doce veces repetida, el encanto de Aben-Zohayr cesa. El terrible círculo que recorre durante su encanto deja de sujetarle, puede aproximarse á Fayzuly, saciar su rabiosa sed de amor; pero yo le contenia continuando la lectura de mi libro mágico: apenas vibraba la primera campanada, la lectura sepultaba al árabe en un sueño profundo, y él y su caballo salvaje permanecian inmóviles como una estátua; yo seguia leyendo mientras sonaban lentas una tras otra las doce campanadas de la media noche.
El libro ha terminado: cuando llegue la media noche, nada podrá contener al árabe maldito, y si el príncipe Aben-al-Malek despues de haber vencido las tentaciones que le opondrán en cada uno de los Siete Suelos los siete espíritus condenados, convertidos en murciélagos por la justicia de Allah, entra aquí fatigado, luchando aún con el recuerdo de la tentacion, y Aben-Zohayr el maldito le mata, encantados permanecerémos con Fayzuly, en el fondo de esta torre, y condenados por toda una eternidad.
Pero si tú ayudares al príncipe Aben-al-Malek combatiendo con el árabe maldito, si el príncipe Aben-al-Malek lograre sacar fuera de la torre á la amada de su alma Fayzuly y ponerla sobre su caballo mágico, perdonados serémos; nuestras almas irán á morir en el Paraíso entre delicias eternas, y sólo quedarán condenados en el fondo de esta torre Aben-Zohayr el réprobo, y los siete murciélagos malditos.
Levanta tu corazon al Dios altísimo, único y misericordioso, príncipe Juzef-Abdalah; invoca su invencible poder, y está pronto para el combate y para el martirio.