El acento del príncipe al pronunciar estas palabras era tan marcado, que los tres walíes se miraron recíprocamente antes de contestar.

—¡Conspirais contra el rey! exclamó el príncipe fijando en ellos una mirada tan penetrante como la que tiende la serpiente á su presa.

—¡Esperanza de los creyentes! contestó el astuto Abu-Yshac: es cierto que hemos dejado sin licencia del rey nuestros castillos, y que hemos venido á Granada por ocultos senderos; pero tambien es cierto, que mañana se corren en Bib-Rambla toros y cañas en celebridad de la jura y proclamacion de tu hermano Mohamet, y hemos creido que debiamos aventurar algo para alcanzar una fiesta tan magnífica, y por añadir á la khotba pública[23] en la gran mezquita al nombre del magnífico rey Al-Hhamar, nuestro dueño, el del príncipe Mohamet, su sucesor y partícipe en el mando.

El viejo walí sorprendió una ligera indicacion de impaciencia en el rostro del príncipe, cuyas manos apretaron con más fuerza el venablo y la empuñadura del alfanje.

—Y sin duda, dijo Juzef con sarcasmo, deseosos de rendir ese justo homenaje á mi amado hermano, velais, cuando ya ha dejado oir su primer canto el gallo, para ser unos de los primeros que pidan por él al Altísimo en la azalá de azzohbi.

—Dios lee en los corazones, exclamó impetuosamente el ceñudo walí de Guadix, Abul-Hassan, y sabe cuál es la causa que tiene de pié á nuestro amado príncipe cuando están en la mitad de su curso las estrellas.

—¡Por los siete durmientes! exclamó Juzef, eres harto malicioso Abul-Hassan. Y por cierto que no debe ser muy grato á Allah el motivo que me desvela, añadió haciendo gala de su impiedad en una larga carcajada.

El respeto ató la lengua de los tres walíes, que no se atrevieron á aventurar una pregunta, por más que los inquietase sobre manera el lenguaje misterioso del príncipe.

—¡Por Salomon! continuó este, ¿creereis mis valientes alcaides, y el príncipe dió una intencion marcada á estas palabras, que Juzef-ben-A'bd alá, el hijo de Aben-Nazar el vencedor, su querido leoncillo, como le llama cuando besa sus mejillas, ha huido como un perro vagabundo de los guardas de la ciudad?

—¡Oh poderoso señor! exclamó hablando por primera vez el walí de Málaga Abu-Abdalá, y ¿quién se ha atrevido á insultar al real mancebo esperanza de los buenos creyentes?