Tres miradas profundas se perdieron en la oscuridad, y tres manos membrudas buscaron los puñales, cubiertas por los alquiceles.

—Pero esos tres hombres no son perros, contestó el príncipe; son tres leones que vienen á buscar garras en tu casa.

—¿Y vienes á eso, príncipe? preguntó con inquietud Absalon.

Una mirada profunda de Juzef Aben-A'bd-Allah, contuvo al viejo israelita.

—En cuanto á garras, dijo, dárselas puedo tales, que no encuentren jaco bien templado, ni mallas bastante fuertes para resistir su embate.

—¿Recuerdas lo que te propuse anoche?

—¿Puede olvidar el siervo los mandatos de su señor? contestó el judío doblegándose hasta apoyar la barba en su pecho.

—Ahora bien, mis valientes amigos, añadió el príncipe levantándose y dirigiéndose á los tres walíes; tal vez necesite mañana de vuestro esfuerzo, y como habeis venido sin armas, justo es que yo os las procure tales como las pudiera desear el más bizarro caudillo. Entrad: Absalon dará á cada uno un arnés, una pica, una espada y un caballo de batalla. Entrad.

Los tres walíes entraron en el aposento, siempre cubiertos por los capuces.

—Entrad, les dijo el judío abriendo una puerta escondida por un armario, y silbando al mismo tiempo de un modo particular.