—Abre aquella ventana, dijo Betsabé por toda respuesta, señalando un ajimez situado en la parte oriental del retrete.
El príncipe obedeció.
—¿Qué ves desde ahí? continuó la jóven.
—Nada veo, contestó Juzef; la sombra es muy densa.
—Mira aún.
Un rayo de la luna se filtró á punto entre dos nubes que se rasgaron.
—Nada veo, dijo entonces el príncipe, más que el Cerro del Sol, la Colina Roja, y perdidos en la sombra los jardines del Darro.
—Pues bien: si las almenas de un castillo coronan esa colina antes de un año; si la sima que está al pié de ella por la parte que mira al Veleta se cierra con una terrible torre, entonces yo seré....
Un estremecimiento convulsivo la cortó la palabra.
—¿Qué serás? preguntó Juzef, á quien hacia temblar el terror de la jóven.