—¿Qué has hecho allí?
—Velar á mi prometido.
—¿Te ha visto?
—En sueños.
—¿Te ama?
—Está loco por mí.
—En nombre del alto y poderoso Salomon, torna á ser hermosa, hermana mia.
Una tercera y linda jóven apareció á la voz de Betsabé.
Una túnica dorada pretendia en vano ocultar lo aéreo de su esbelto talle; la mirada de sus hermosísimos ojos celestes era tan indiferente que hubiera ofendido al amor; su cabellera, bermeja como el oro, embellecia una frente en que era difícil encontrar las huellas del más ligero pesar. Obeidah ocupó un lugar en el divan entre Djeidah y Zahra.