Los tres bellos semblantes de las tres damas apostrofadas, se animaron con una expresion de cólera, y se lanzaron á Betsabé.

—¿Por qué me llamas perezosa, gritó Djeidah, cuando tus locuras de amor nos han reducido á este estado?

—¿Y á mí envidiosa, añadió Zahra, cuando harias pedazos á la mujer á quien amase tu hermoso Juzef?

—¿Y á mí glotona, prosiguió Obeidah, cuando tu sed de amor devorará á tu lindo príncipe?

Betsabé habia retrocedido ante el furor de sus hermanas, pero sin miedo, como el luchador que se retira á la vista de su adversario para buscar el punto de ataque.

—¿Sabeis, les dijo despues de un momento de observacion, mostrándolas el anillo cabalístico, que por el poder de este talisman, como os he sacado de vuestros hediondos nidos puedo volveros á ellos?

Las tres rebeldes beldades palidecieron, y miraron á su hermana con ansiedad.

—No lo haré, continuó Betsabé, porque no soy rencorosa. Pero es necesario que nos unamos para inclinar nuestro doble destino á la buena parte, y que procuremos huir de la mala. ¿Qué quereis mejor, las tinieblas de la torre de los Siete Suelos ó los alcázares de nuestro padre?

—Los alcázares de nuestro padre, contestaron en coro y de la manera más humilde que supieron las tres rebeldes.