—¿Y quién hará que nuestras gentes lleguen á la hora convenida, si nosotros asistimos á las fiestas? observó Abu-Yshac.

Betsabé le llevó á la ventana y le mostró los esclavos que esperaban.

—Maksan y los suyos, dijo entonces la jóven contestando á la pregunta del walí.

—¿Y serán fieles?

—Como el puñal á la mano. Idos.

Los tres walíes salieron por donde habian entrado. Betsabé asió al príncipe, y se perdió con él á través de una puerta cubierta por un tapiz.

El retrete quedó solitario y silencioso. Sólo de vez en cuando se escuchaban profundos gemidos en el divan donde Betsabé habia arrojado á Absalon.


IV.
Las fiestas de Bib-Rambla.