La admiracion llegó al colmo; habiase creido imposible existiese una mujer tan hermosa como Djeidah, y aparecian dos: los cabellos dorados de Obeidah valian tanto como los rubios de Djeidah y los negros de Zahra; su frente era tan tersa como la de sus hermanas; su mirada tan enloquecedora como las de ellas, y su talle tan esbelto y tan redondo como los suyos. Las dificultades de la eleccion habian acrecido y hubo de recurrirse al dictámen del rey.
Pero Al-Hhamar opinó del mismo modo que los jueces, y afirmó por su pueblo y su corona, que las tres princesas eran dignas cada una de por sí, de ser elevadas al envidiable trono de la hermosura.
Sólo quedaba una esperanza; sólo existia una mujer cuyos encantos pudieran aventajar á los de las tres princesas.
Esta mujer era Wadah, la soberbia africana, la madre del príncipe Juzef-Aben-Abd-Allah.
El rey la mandó acercarse, y en su nombre pidió para ella la declaracion de sultana de la hermosura: el velo descubrió la frente de Wadah.
La majestad de su ademan, lo poderoso de su mirada, lo puro de las formas de su desdeñosa boca, lo límpido de su serena frente y lo brillante de los sedosos cabellos que la coronaban, arrancó una exclamacion de asombro.
Treinta veces la habia dado la primavera sus flores, y otras tantas las golondrinas habian aparecido con el estío á admirar su belleza, desde el dia en que los genios presidieron su venida á la luz.
Cada una de aquellas primaveras se habia despojado de una siempreviva para enriquecer su corona de hermosa, y la habia concedido un nuevo encanto; la mujer á quien Dios puso en el Paraíso, no pudo ser más hermosa.
Ibase á pronunciar el fallo: las tres princesas estaban vencidas: una amarga sonrisa de triunfo lucia en los labios de Wadah, á quien un secreto terror hacia mirar con odio á las extranjeras. Un momento más y las fiestas empezaban.
Pero á punto, tras la puerta de Bih-Al-Bolut, se elevó una música estrepitosa; resonaron voces perdidas de aclamacion, y un alcaide se presentó ante el rey y demandó una licencia semejante á las anteriores, y que como ellas fué concedida para una princesa de la India.