—Sí: contestó este con voz sombría.
—Esa mujer es la esposa del wasir Aben-Sal-Chem, á quien adora, y de quien es amada con idolatría. Aún no ha corrido una luna desde que el amor unió sus destinos, y mira cuán felices parecen. Sin embargo, si tú quieres, esa felicidad desaparecerá y serán tan desgraciados como tú, que tienes el corazon seco como las aristas que lanza esa hoguera.
—¿Y qué he de hacer?
—Ocupar mi lugar, porque voy á morir. Te dejaré parte de mi poder, y alcanzarás por él cuanto has ambicionado.
—¿Seré rey?
—De la creacion: tu mano poseerá el bien y el mal, usarás de él á tu antojo, te obedecerán los espíritus invisibles, y estarán abiertos al par para tí los jardines del Edem, y las sombras y el fuego eterno del profundo. El juglar se estremeció de terror, y casi estuvo á punto de rehusar tan terrible herencia; pero recordó su abyeccion, sus ambiciones malogradas, sus ultrajes pasados, su pobreza y su sufrimiento. El ángel de la tentacion le envolvió en sus alas, y derramó en su alma la esperanza y los deseos insensatos. Creyó verse jóven, hermoso, rico; volvieron á pasar ante él sus sueños de sangre y exterminio, y las vírgenes de ojos negros envueltas en sus flotantes velos. Creció el odio que profesaba al hombre, la pasion que le arrastraba hácia la mujer que dormia bajo la enramada de jazmines, y se embriagó bajo el encanto de la realizacion de sus deseos. Arrojó léjos de sí el cofre donde guardaba sus joyas de cobre, sus cubiletes y su tablero de ajedrez, y se tornó resuelto al hechicero.
—Acepto tu poder, dijo.
—Pues bien, mira: aquel pueblo asentado junto al rio, en las márgenes del lago, es Dembea[28]; la mujer que duerme en él en los jardines del alcázar, es Noemi, la esposa de Aben-Sal-Chem, la mujer á quien amas. Aquella distante ciudad, perdida entre las brumas de Occidente en el país de Andalus, es Arjona; pasados algunos instantes nacerá en su castillo, de aquella mujer que grita y padece rodeada de esclavas, un varon que se nombrará Aben-al-Hhamar, y que más tarde, cuando la barba haya rodeado su rostro y le haya tostado el sol durante largos dias de combate, fundará un reino fuerte sobre el mismo país de Andalus, á los piés de una sierra cuya altísima frente siempre está y estará cubierta por la helada del invierno. El licor que hierve en esa vasija es su horóscopo: horóscopo incierto en el que luchan por mitad el bien y el mal; yo he sido el mal genio de sus mayores, pero mis dias están contados, y en el momento en que él vea la luz, las sombras de la muerte serán con mi espíritu. Es necesario que ese hombre sucumba con su raza: es necesario que la mujer que nacerá transcurridos diez años, de Noemi y Aben-Sal-Chem, sea el ángel tentador de Al-Hhamar.
El viejo parecia menguar en fuerzas á medida que el fuego producido por el negro brebaje aumentaba en brillantez é intensidad. Su rostro estaba cárdeno y su voz era más ronca y más débil.
—Cuando mi vida se apague, continuó el viejo, se apagará la luz de ese fuego; entonces verterás sobre mí el licor que haya quedado, y esperarás; luego tomarás lo que encuentres de mis restos: en ello está tu poder; serás poderoso hasta el punto de crear séres á tu capricho, pero guárdate bien de hacerlo, porque perderás tu poder y serás como los demás hombres, y se agravarán las miserias que te aquejan.