Entonces el juglar vió con asombro que entre aquella negra ceniza quedaba un despojo; era una calavera blanca como el marfil, cubierta de inscripciones y signos rojos.
Era, sin duda, el cráneo del hechicero.
Djeouar le tomó, y como si aquel resto humano hubiese tenido un poder superior, sus ojos se oscurecieron, el frio de la muerte corrió por sus huesos; sus piernas flaquearon y rodó por tierra aletargado.
Cuando volvió en sí, se encontró sentado al pié de la palmera donde habia tomado descanso en la confluencia del Nilo y del Bahr-el-Azrak: el cofre donde conducia sus cubiletes y sus utensilios estaba junto á él; el sol descendia al horizonte, inundando de una luz rojiza los arenales, y á lo léjos se escuchaba un ruido sordo, profundo, contínuo, semejante al batir del mar contra una roca en un dia de tormenta.
—Mucho he dormido, exclamó Djeouar aterrado; el semoum[29] avanza, y no hay ni una gruta ni un kan donde defenderme de su soplo abrasador. ¡Si al menos fuera verdad lo que he soñado!
El juglar miraba trémulo al horizonte: el ruido aumentaba progresivamente; al fin se dejó ver la tromba impulsada por el semoum; montañas de arena avanzaban con una velocidad espantosa: el juglar se prosternó, resignado á morir.
Cuando ya habia perdido toda esperanza, una violenta ráfaga, precursora de la tromba, arrolló el cofre del juglar, colocado en la pequeña eminencia donde descollaba la palmera, á cuyo pié habia tomado descanso; la tapa del cofre se abrió, y con las joyas de cobre, los cubiletes y el ajedrez, rodó un objeto que volvió la esperanza á Djeouar.
Era una calavera que parecia de marfil, cubierta de inscripciones y signos rojos.
La tromba llegaba ya; parecia que el mundo iba á desquiciarse, arrebatado por el semoum; las palmeras, los espinos, las rocas, cedian á su paso, y arrancados de su asiento, aumentaban la tromba. El Nilo mugia, como saludando al terrible viajero, y los cocodrilos huyeron aterrados á esconderse entre sus grutas festoneadas de algas.
Era un momento supremo: el juglar asió la calavera, y exclamó: