—Si no ha sido un sueño cuanto ha pasado por mí, ábrete Nilo, obedeciendo al poder de este talisman; álcese en tu oscuro fondo un alcázar para mí, y pase la tromba sin agitar uno solo de los mechones de mi barba.

El Nilo obedeció, y como un tiempo el Dios de Moisés separó las aguas del Mar Rojo para dar paso á su pueblo[30], se abrió la corriente del Nilo, y Djeouar descendió á pié enjuto hasta el fondo de su cauce.

En él encontró un alcázar maravilloso: su ambicion de riqueza estaba satisfecha; el pórfido, el oro y las piedras preciosas, brillaban por todas partes; pero no habia ni un esclavo, ni un animal, ni un pájaro en su recinto solitario: dominaba en él el silencio de la muerte.

Djeouar estaba trastornado con tan repentino cambio de fortuna; agolpábanse á su pensamiento funestísimos recuerdos, y le parecia estar entregado á un sueño engañador: tocaba las columnas, los muros, las puertas de aquel palacio, como quien al ver un objeto querido posa sobre él sus manos temeroso de que no sea una sombra que se desvanezca al llegar á ella.

Al fin sus ideas se aclararon: vióse cubierto de andrajos en medio de aquel alcázar abandonado, y evocó esclavos que aparecieron á su voz y le cubrieron de galas. Luego mandó le preparasen un caballo, y por el poder de su talisman volvió al sitio donde creia haber soñado, y donde le habia sorprendido el semoum.

La palmera no existia ya: habia sido arrebatada por la tromba; el ambiente, rojo é inflamado antes, estaba límpido y azul; el sol habia traspuesto el horizonte, y la luna llena alumbraba la inmensidad, produciendo destellos pálidos y brillantes en las inquietas ondas del Nilo y del Bahr-el-Azrak.

El juglar aguijó su caballo y caminó corriente arriba por la márgen de este último rio; el animal era ligero como una gacela, y antes del amanecer, á pesar de existir una distancia enorme desde el punto de partida de Djeouar, vió los muros de Dembea.

Esperó á que abriesen las puertas, y entre tanto hizo para sí el razonamiento siguiente:

—Soy poderoso, es verdad; yo podria, con sólo quererlo, llevar á Noemi á los climas más remotos, y vengarme de Aben-Sal-Chem; pero yo no haré uso de ese poder más que para probar si es la virtud de ella ó mi fealdad, lo que ha hecho un imposible para mí de esa mujer. Me rodearé de fausto y de hermosura, derramaré el oro á manos llenas, y si mis deseos no se satisfacen, preciso será creer que mi destino me aparta de ella.

Djeouar acarició la calavera, que, encerrada en un saco de cuero, pendia del arzon de la silla.