—Noemi era muy hermosa, continuó el judío; Noemi sólo contaba doce años; pero sus encantos no tenian número: Djeouar la amaba porque era hermosa, y la aborrecia porque era hija y esposa de los enemigos de sus padres. Djeouar por su amor y su venganza habia vendido su cuerpo á Azrael[32], y su espíritu á Satanás. Djeouar, el horrible juglar, el de la barba macilenta, el de los hundidos ojos, el de la espalda encorvada, habia pedido al infierno una de esas frentes altivas que inspiran respeto, una de esas miradas que infiltran en quien las ve, un amor sin fin, y uno de esos cuerpos gallardos, que revelan la fuerza y la majestad. Todo se lo habia concedido el espíritu condenado, y al fin estaba entre Noemi y Aben-Sal-Chem, gozándose en el cercano logro de su amor y de su venganza. Cuando tras una breve plática, el wisir salió con Djeouar del aposento de su esposa, esta se levantó recatadamente, llegó á la puerta, separó un tanto el tapiz, miró con el rostro teñido de púrpura y latiéndole el corazon al juglar que se alejaba por una larga galería, y cuando ya no le vió, un hondo suspiro rebosó de su pecho, quedó inmóvil en el lugar donde se encontraba, y sus ojos se llenaron de lágrimas.
Entre tanto Aben-Sal-Chem preguntaba á Djeouar, qué juicio habia formado de su esposa.
—El corazon de la mujer es un abismo en cuyo fondo sólo se ven tinieblas, contestó Djeouar; tengo que apelar á la ciencia; y esta noche si tienes valor para ir solo al sitio que te designe, te daré á conocer si tu esposa es culpable ó inocente.
—¿Y qué sitio es ese? preguntó el wisir.
—En la ribera oriental del lago, hay una ensenada que penetra entre dos montañas, formando un canal sinuoso; al fin de él, bajo la cortadura de la montaña, existen las ruinas de una cabaña, cercada por un vallado. Ve esta noche allí, cuando las estrellas medien su curso, y te revelaré tu presente y tu porvenir.
—Pero aquel es un lugar maldito, donde no osa penetrar ningun buen muslin, observó el wisir palideciendo.
—Sí, en aquel lugar hace treinta años se cometió un asesinato. Desde entonces está inhabitado y huyen de él las aves y los animales. Sin embargo, el Destino me manda que sólo allí hable, y sólo allí hablaré.
El wisir prometió ir solo, y Djeouar se separó de él y con pretexto de descansar, entró en el aposento que se le tenia destinado, y donde le esperaban esclavos. Despidiólos, y cuando quedó solo tocó la calavera, que encerrada en el saco no habia abandonado, y dijo:
—Quiero llegar hasta la puerta del retrete de Noemi, sin ser visto por ojo humano.
Apenas habia expresado su deseo, cuando le vió cumplido; hallóse tras el tapiz que cubria la puerta de aquel retrete; levantóle y miró: Noemi estaba sola sentada en el divan, con la cabeza puesta entre las manos, y los brazos apoyados en sus rodillas; sus largos cabellos negros caian como un velo sobre sus hombros y parte de su semblante, y su mirada estaba fija en el pavimento.