Djeouar levantó el tapiz y entró; sus pasos resonaron sobre el mármol, y Noemi levantó la vista, le vió, dió un grito, y quiso huir; pero la contuvo una mirada del juglar, semejante á la de la serpiente que fascina á una avecilla.
Djeouar siguió adelante, y cuando llegó junto á Noemi, notó que temblaba, y un movimiento de despecho agitó su corazon.
—¿Por qué tiemblas ante mí, paloma mia? la preguntó dulcemente el juglar.
El seno de Noemi se elevó al impulso de una sensacion desconocida; sus ojos se elevaron hasta posar una mirada tímida en los de Djeouar y palideció. Los ojos del juglar arrojaban de sí torrentes de pasion, pero de una pasion impura como su alma; los de Noemi revelaban un amor naciente, tímido, purísimo á veces; repugnancia, desden y temor otras; su espíritu luchaba entre el amor y el horror. Un poder invisible la arrastraba al juglar, y sin embargo rechazaba á aquel hombre por un impulso independiente de su voluntad como su amor.
Djeouar leyó hasta en el fondo del alma de Noemi, y apreció en lo que valia la lucha que la agitaba; conoció que jamás el amor dominaria al terror en Noemi, y se enfureció.
—¡Oh! dijo para sí; no es la virtud de la mujer ni mi fealdad los que me separan de Noemi; es mi destino. Pues bien, ese destino fatal pesará sobre todo cuanto me rodee, y aliviaré mi dolor gozándome en el dolor de los otros. Si esta mujer no puede ser mi amante, será mi esclava y me vengaré.
Luego, sentándose en el divan, trajo hasta sí á Noemi.
—Escucha, la dijo, yo te amo; esta es la tercera vez que llego hasta tí para decírtelo, y es la tercera tambien que me desdeñas.
Noemi miró con espanto á Djeouar, no recordaba haberle visto hasta entonces, y sin embargo, parecia encontrar algo de comun entre la límpida y radiante mirada del hermoso jóven, y la sombría é impura del juglar, que habia visto antes prosternarse dos veces á sus piés. Creyó ser presa de un sueño, y pasó las manos por su frente como queriendo arrancar de ella una cruel pesadilla.