—Mi hija no te concederá su amor, sino cuando hayas construido para ella este rico alcázar.
—Tu hija me pide mucho. Es una esclava demasiado cara.
—Mi hija será sultana.
Se estremeció el rey.
—Mi hija es mas hermosa y mas preciada que ese alcázar que tanto te enamora.
Meditó un momento el rey, y luego dijo levantándose de una manera decidida.
—¡Construiremos el alcázar de las maravillas, Yshac! ¡yo te lo juro!
XV.
UNO PARA CADA ALMENA.
Y es de advertir que cuando el rey Nazar formó la resolucion de construir aquel magnífico alcázar, no tenia una sola dobla en su tesoro.
Porque el rey Nazar invertia sumas cuantiosísimas en la construccion de hospitales, mezquitas, escuelas, y otros establecimientos, y en pagar sabios que enseñasen al pueblo.