—No.

—¡Que no la ama!

—El rey no puede amar á la que destina por esposa á su hijo el príncipe Mohammet.

—¡Ah! ¿te ha dicho eso el rey?

—El rey me favorece con su confianza.

—¡Pero... si el rey enamora á Bekralbayda!

—El rey solo ha querido probar si Bekralbayda es digna de ser esposa de su hijo, y la ha finjido amores, y la ha prometido tesoros. Bekralbayda aunque ignora que el rey sabe sus amores con el príncipe, ha resistido á todas las tentaciones. ¡Oh! ¡sí! ¡es digna de ser sultana, y lo será!

Guardó de nuevo silencio la dama.

—¿A quién ama el rey Nazar? dijo.

—A una muger por quien llora hace diez y siete años.